domingo, 8 de enero de 2012

Ella


Entre el seno y la axila
mi mujer tiene un punto blando
infinito y confortable.
Ese mismo punto lo encuentro en el nacimiento
de sus muslos,
donde existe una plaza soleada en pleno domingo.

Pero también lo descubro
en el delicioso cielo escarlata de su paladar,
en el extremo más oriental de su mano izquierda,
en el hombro descubierto de su sonrisa,
en la cordillera minúscula de su columna
y en la calle solitaria donde muere su mirada.

Mi mujer "está en su punto"
-diría Lucho Hernández-,
pero yo pienso que he encontrado
todos los puntos
en el cuerpo constelado de mi mujer.

D.A.S.B..

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