El rito de repetía hasta el infinito:
durante la noche, con las luces apagadas,
miraba a través de tu ventana.
Y descubría la hermosa fosforescencia de tu cuerpo
que se iba extendiendo sobre la pantalla oscura
despojándote poco a poco de la falsa piel que te resguardaba.
¡Ah, descubrir en la tiniebla
la disimulada perfección de la desnudez!
Todas las formas del universo eran una sola,
en aquella comparsa nocturna de quien ve
y la inútil inocencia de quien no se cree observada.
Era así la belleza hasta que todo se extinguía:
cada día, el mismo deseo sin cuerpo,
cada noche, la misma celebración oculta,
memoria de la mirada.
D.A.S.B. 2012
No hay comentarios:
Publicar un comentario